El aumento de las concentraciones de ozono
Cuando pensamos en cómo serán los automóviles al llegar a la mitad de este siglo, no podemos evitar reflexionar sobre la sostenibilidad. Los resultados de un estudio en 35 países europeos, coordinado por el Barcelona Institute for Global Health y el Barcelona Supercomputing Center, publicado en Nature Communications, no son alentadores: entre 2003 y 2019 las concentraciones de ozono aumentaron un 0,58% anual en el sur de Europa, con un incremento de los días de aire insalubre cuatro veces mayor en solo 16 años. El ozono al que se refiere el estudio es el ozono troposférico, que se forma en las capas más bajas de la atmósfera y es el resultado de reacciones químicas entre sus precursores, principalmente óxidos de nitrógeno (NOx) y compuestos orgánicos volátiles (COV).
El ozono es un contaminante especialmente común en entornos altamente urbanizados, y su concentración aumenta durante los meses de verano debido a una fuerte radiación solar, altas temperaturas y condiciones meteorológicas persistentes, con poca o ninguna variación durante largos periodos.
Aunque es complejo establecer una relación directa entre los precursores y la concentración de ozono en la troposfera, las principales responsabilidades se atribuyen a las emisiones del transporte por carretera, la producción y uso de disolventes orgánicos, los procesos de combustión vinculados a la producción de energía y los procesos industriales que liberan al medio ambiente grandes cantidades de óxido nítrico (NO).
Las emisiones de gases de efecto invernadero
Aunque las emisiones de gases de efecto invernadero en la Unión Europea disminuyeron un 7% en 2023 respecto al año anterior y un 18% respecto a 2013 (la reducción más significativa se registró en el sector energético, con un 43% menos en diez años), esta tendencia positiva no ha afectado al sector del transporte, que experimentó un aumento del 14% entre 2013 y 2023. El aumento de las temperaturas superará el umbral de 2 °C fijado por los Acuerdos de París y, aunque los daños causados por el cambio climático ya son inevitables, su alcance podría minimizarse adoptando medidas estrictas orientadas a la descarbonización, especialmente en el transporte.
A este respecto, el Ministerio de Infraestructuras y Movilidad Sostenible ha señalado que el transporte por sí solo representa más de una cuarta parte de las emisiones totales, pero si se considera únicamente el dióxido de carbono, el porcentaje alcanza casi el 99% de todas las emisiones de los vehículos. El combustible más contaminante sigue siendo el diésel, que libera 167 gramos de CO2 por kilómetro, mientras que la gasolina produce 161 gramos por kilómetro.
Emergencia climática en Europa
A la luz de estos datos, es evidente que el rápido empeoramiento de las concentraciones de ozono y CO2 en la atmósfera requiere medidas urgentes, lo que hace ineludible afrontar las sombrías perspectivas de la situación climática y ambiental actual. El continente europeo se está calentando al doble de la media mundial, y 2024 ha sido el año más caluroso jamás registrado, con un récord de fenómenos extremos (sequías, incendios forestales, inundaciones) y noches tropicales, con una pérdida económica estimada en 13.000 millones de euros.
De acuerdo con la Ley Europea del Clima, que entró en vigor el 29 de julio de 2021, la UE tiene la obligación legal de alcanzar la neutralidad climática en 2050. El objetivo intermedio, que debe lograrse en 2030, es reducir las emisiones de gases de efecto invernadero al menos un 55%. En particular, en el sector del automóvil, todos los coches y furgonetas nuevos vendidos en la UE a partir del 1 de enero de 2035 deberán ser de cero emisiones.
El Reglamento Euro 7, que entrará en vigor el 29 de noviembre de 2026 para coches y furgonetas de nueva homologación (y el 29 de noviembre de 2027 para todos los vehículos nuevos vendidos), prevé normas más estrictas para todo tipo de vehículos, con el objetivo de regular nuevos contaminantes (polvo de frenos, microplásticos de neumáticos, amoníaco y óxido nitroso). El Reglamento pretende encaminar a Europa hacia la neutralidad climática reduciendo el límite de óxidos de nitrógeno para los vehículos diésel ligeros, mientras que para los vehículos pesados las emisiones de óxido nitroso deberán reducirse en más de un 50% respecto al límite actual y el número de partículas en un 75%.
Además, mientras que el Reglamento Euro 6 no incluía ninguna regulación para los vehículos eléctricos, el Euro 7 establece normas mínimas de rendimiento sobre la durabilidad de las baterías.
Cómo afrontar el cambio
Las Normas Euro 7 no se aplican a los vehículos ya en circulación, sino únicamente a los de nueva matriculación. Por tanto, la compra de un coche nuevo deberá tener en cuenta el cumplimiento del Reglamento, considerando que con los nuevos modelos será posible acceder a tecnologías más limpias, mejores prestaciones y posibles incentivos estatales.
El futuro del sector del automóvil
El camino ya está trazado, pero la tecnología debe afrontar los recursos disponibles para crear un producto que no solo sea limpio, sino también práctico y eficiente.
Coches eléctricos: ventajas y desventajas
Actualmente, la tecnología más avanzada del sector está representada por los coches eléctricos. La adopción de vehículos eléctricos supone una ventaja innegable en términos de emisiones de CO2 (un 70% menos según el International Council on Clean Transportation) frente a los coches de combustión interna (ICE) e híbridos. Además, los eléctricos implican menores costes de mantenimiento (no requieren cambios de aceite, filtros, correas ni sistemas de escape) y permiten el acceso a zonas de bajas emisiones (ZBE). En muchos países también cuentan con incentivos fiscales. Asimismo, la eficiencia —el porcentaje de energía realmente utilizada para la conducción— es superior respecto a los motores de combustión (aproximadamente un 75% frente al 33% de los vehículos tradicionales).
Dicho esto, persisten algunas desventajas: en primer lugar, la autonomía, que en los coches eléctricos sigue siendo inferior a la de los vehículos de combustión interna. Otro desafío es el tiempo de recarga, que actualmente es mucho más largo que el repostaje de combustible. Por último, si nuestra elección está guiada por consideraciones ecológicas, debemos recordar siempre que una eliminación incorrecta de las baterías anula los beneficios medioambientales de adoptar los eléctricos. Una vez agotadas, las baterías de litio se llevan a centros especializados. Pero el verdadero valor añadido de este proceso reside en el reciclaje, que en Europa tiene una mayor difusión que en cualquier otra parte del mundo: la tasa de reciclaje cubre aproximadamente la mitad de las baterías de litio después de su eliminación. Entre los proyectos en curso se encuentran los destinados a recuperar componentes esenciales como litio, níquel y cobalto, así como a reutilizar baterías regeneradas para otras aplicaciones energéticas, como los sistemas de almacenamiento de alta capacidad.
¿Son realmente el futuro los coches de hidrógeno?
El caso de los coches de hidrógeno es distinto, ya que presentan problemas técnicos difíciles de resolver. Los coches de pila de combustible de hidrógeno no contaminan, ya que emiten vapor de agua por el escape y utilizan hidrógeno para mover motores eléctricos. Los costes de repostaje prometen un ahorro importante frente a los combustibles fósiles, con un gasto estimado de unos 65 euros para una autonomía de 500 km. Pero, ¿qué impide su difusión? El obstáculo radica en el propio hidrógeno: aunque es abundante en la naturaleza, no está disponible en forma pura. Para hacerlo utilizable, se necesita energía (hidrocarburos para extraerlo o electrólisis). Tampoco la opción de producirlo localmente mediante micro-refinerías o transportarlo directamente desde los lugares de producción parece viable por ahora, debido a los elevados costes y a la contaminación añadida.
Sin duda, en los últimos años la industria del automóvil ha entrado en una fase de gran dinamismo tecnológico: la carrera por adaptarse a las nuevas normas europeas ha impulsado tecnologías limpias y ensayos aún pioneros para abrir nuevos caminos. El futuro avanza hacia la electrificación, la conectividad y la sostenibilidad. Este último aspecto, más que ningún otro, debería ser el objetivo primordial de un compromiso global y compartido. Un compromiso para dejar a nuestro planeta no la huella destructiva de un consumismo insensato, sino una mano amable, filantrópica, consciente y constructiva.
